
Este jueves 24 de julio se confirmó el fallecimiento de Terry Gene Bollea, mejor conocido como Hulk Hogan, ícono mundial de la lucha libre profesional y figura clave en la cultura popular de los años 80 y 90.
Según los primeros informes, una llamada de emergencia movilizó a los servicios médicos hacia su residencia en Clearwater, Florida, durante las primeras horas de la mañana, luego de que Hogan sufriera un paro cardíaco. A pesar de que fue trasladado rápidamente al hospital más cercano, los médicos no lograron reanimarlo. Su muerte fue declarada poco después de su ingreso.
Durante años, Terry Bollea enfrentó múltiples complicaciones de salud derivadas de su intensa carrera en el cuadrilátero. El propio exluchador reveló en entrevistas que llegó a someterse a 25 cirugías, muchas de ellas directamente relacionadas con lesiones acumuladas a lo largo de los años. Entre las más destacadas se encuentran diez operaciones en la espalda, así como reemplazos de rodillas y caderas, y procedimientos en los hombros y el abdomen.
En mayo pasado, Hogan fue intervenido quirúrgicamente en el cuello, una operación programada que no presentó mayores complicaciones en un inicio, pero que lo mantenía bajo constante vigilancia médica debido a su historial clínico.
Uno de los aspectos más delicados en su vida fue su relación con el uso prolongado de analgésicos. En declaraciones públicas, el propio Hogan admitió que, tras someterse a varias cirugías, comenzó a desarrollar una dependencia a medicamentos para el dolor. Incluso llegó a consumirlos más allá del tiempo recomendado por los especialistas. Esta dependencia no solo afectó su calidad de vida, sino que también estuvo acompañada de efectos físicos visibles.
Hulk Hogan (1953–2025) también incursionó en el cine y es recordado por su participación en la cinta “Rocky III” (1982), donde interpretó al personaje Thunderlips. Su legado trasciende el deporte, convirtiéndose en uno de los íconos más reconocibles de la cultura pop estadounidense del siglo XX.
